Teniendo en cuenta que al despertar, tenía más hambre que los perros de un ciego, preferí omitir el recordar lo soñado y hacer un asalto a la nevera aun tambaleándome y desperezándome por el camino.
Sorry, pero mi cuerpo me necesitaba... y aun me necesita.
¡Viva el cansancio!
Nadie. Con más apetito que de costumbre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario