Quisiera decir que tampoco soy yo el que está sentado al otro lado de la mesa, con cara de cansancio, ropa andrajosa y el pelo rozando los hombros.
Mentiría.
Soy yo. Ambos. ¿Somos yo, o nosotros? No se como se diría en ese caso.
Estamos en una sala vacía, quitando la salvedad del escritorio, las dos sillas y mi duplicada presencia, la sala está vacía.
-¿Qué tienes que decir en tu defensa?- Dije estando trajeado.
-¿A caso tengo que defenderme por lo que hice?
- Tienes y debes hacerlo. ¿ Te haces una idea de lo que has hecho?
- ¡¡Lo que tenía que hacer. Lo que tú, ni ninguno, se atrevió!! - Señalé con rabia a un lado, donde había un gato blanco y un dragón sombra.
- ¿Se te ha pasado por la cabeza pensar por qué nadie antes lo ha hecho? ¿Te crees mejor que otros por el simple hecho, de actuar sin medir las consecuencias?-Me cabreé un poco más- ¿Por actuar sin pensar?
Estando andrajoso dije - Vaya... empiezas a sonar como yo. -Reí
-No se a qué te refieres.
- A que empiezas a dejar que la emoción te saque de tu estúpido estado de meditación, y observación comedida. - No pude evitar sonreir mientras lo decía.
Tuve que replicarme - Si crees que es motivo de risa o de orgullo lo que haces, estás totalmente equivocado. Mal que me pese, solo hay una forma de que aprendas; y créeme, tomaré medidas.
Una carcajada profunda salió de mi boca y transformó mi cansado rostro.- ¡Jajajajajaja! ¡Esa sí que es buena! Tú. El eterno vigilante. El auto-proclamado guardián del orden, diciéndome a mi, su mejor parte, que va a..."tomar medidas". ¡¡¡Jajajajajaja!!! Tengo madera de humorista.- Seguí riendo.
Pero mi semblante serio se mantuvo incluso ante mi propia risa. Entonces puse mi gesto más duro y me dije con toda la seriedad que pude: -Aunque me quede cojo, así lo haré.
- ¿De verdad crees que vas a darme miedo fijando un poco la mirada? ¡Venga, por favor!
La risa se me cortó cuando de la nada, apareció una camisa de fuerza en la que reparé una vez ya estaba puesta... sí, estuve lento. Lo admito.
Me miré con rabia.
Luego odio.
Finalmente ira.
- ¡¡¡NO SABES LO QUE ESTÁS HACIENDO!!! - Mi cara permaneció impasible mientras me gritaba.
- Lo se, y mejor de lo que crees. - Respondí mientras me reajustaba la corbata.
- ¡Si lo supieras, no me harías esto! ¡Tú también caerás conmigo! ¡¿ Es que no lo entiendes?!
- No soy sin ti, no eres sin mi. Creo que lo entiendo, y bastante bien. - Mi semblante duro, dejó paso a una mirada infinita y casi sin brillo. Enuncié: - Quedas despojado de tus dones. De los que usas. De los que tienes. De los que sabías, sabes y estás por aprender. Así como también quedas despojado de los que nunca usas y nunca has tenido. Los que nunca has sabido, no sabes y nunca aprenderás. Quedas castigado a permanecer bajo confinamiento hasta que aprendas qué has hecho mal. Y creo, que eso tiene pinta de ser muuucho tiempo.
- ¡Ahora eres tú el demente! ¡Caeremos todos! ¿Qué pasa ahora con todo ese orden que tanto quieres cuidar? ¡¡¿Como la protegeremos a ella ahora?!! - La camisa de fuerza se abrió y engulló al otro. Al repeinado. Ahora estábamos los dos, o estaba yo solo (no se como decirlo) en la misma camisa. -¡¡DIME COMO LA PROTEGEREMOS!! ¡¡CONTESTA, MALDITA SEA!! - La ira hacia resonar los gritos. Los ojos ensangrentados daban un aspecto aun más grotesco a mi mitad menos favorecida. Los largos cabellos se pegaron a la sangre de los ojos, creando un tupido velo de pelo en su cara mientras gritaba desconsolado. La ira se había ido hace rato. Era desesperación; impotencia.
-Lo hago por ella. - Cayó una lágrima por el rostro de mi mitad trajeada. Se hubiera visto otra en el otro rostro, si el pelo no estuviera pegado con sangre a medio resecar.
Reinó el silencio
El gran gato blanco se hizo luz.
El dragón sombra se hizo oscuridad.
Envolvieron las dos mitades ya en silencio, y no quedó nada.
Solo un brusco despertar.
Nadye.
Mismo objetivo. Distintas formas de querer lograrlo.
