Entro en la cama con idea de madrugar. Sin embargo, algo me dice, que no hará falta despertador.
Para cuando me quiero dar cuenta, me despierta una brillantísima luz y un pitido sordo. Quiero moverme pero no puedo. Me pesan las manos.
Párate y piensa. ¿Qué ocurre? ¿Dónde estoy?
Me detengo a observar y estoy en algo que podemos definir como un quirófano. Quizás no tanto por el ambiente en general, sino por la utilería y la sensación que inspira el lugar. Sentado en un silla... bueno, si somos exactos: inmovilizado en una silla. Las manos pesan porque están inmovilizadas con clavos a los brazos del asiento. Ahora cobran sentido tanto la pesadez, como el dolor.
No estoy solo. Porque hay otra persona a mi derecha, igual de inmovilizado que yo... pero que aparéntemente, lo lleva un poco peor... revolviéndose en la silla, mira para todos lados con un gesto de miedo e incomodidad. Le cambia la cara al aparecer el tercero en discordia. Un personaje desgarbado, despeinado y descafeinado... en bata. Evidéntemente... ahora todo cobra sentido... mhm... un personaje misterioso con ropajes sanitarios... en un ambiente sanitario...
Observo con atención sus movimientos, y me cuesta seguirle el paso. Parece un remolino por donde quiera que pasa. Coge instrumental médico casi a tientas, y lo dispone sin mucho cuidado en sus bandejitas.
Interpelo al curioso personaje y pregunto por la situación. Contesta que nos va a tratar el dolor de cabeza, y que es muy urgente. Porque ha visto algo en nuestro ojos y tiene que examinarlos lo antes posible.
-Me va usted a perdonar caballero, pero la cabeza está perféctamente bien. No entiendo a qué se refiere...
-Claro que no -contesta mientras se pone los guantes- claro que no te duele... te dolerá. Es distinto.
Me irrita tanto su sonrisa, como el conjunto de clichés que se está formando.
Me pica la ceja y me rasco. Los clavos no están.
Vuelvo a mirar mi mano con escepticismo duro, pero en un corte como de intermitencia de señal, vuelvo a estar claveteado a la silla. Ahora no duele. Libero y fijo la mano a voluntad... solo es concentración.
Mientras gateo en el mundillo de los sueños lúcidos, el presunto doctor ha seguido con sus quehaceres. Ha colocado un artilugio, al otro personaje claveteado, que le sujeta la cabeza con correas de la forma más antianatómica posible.
-Exáctamente, ¿qué pretendes hacer?
-Ya te lo dije, tengo que revisaros los ojos.
-Pero si parece que los quisieras sacar... venga, ¡no me jodas! Eres un poco chapucero, ¿no crees?
El anterior momento de control, me envalentonó y me soltó la lengua. No creo que precisamente para bien.
-Chapucero, eh... ¿explícame como sacas los ojos sin distender los músculos que los mantienen en las cuencas? Tengo que acceder al inserto del nervio óptico, y por si no te ha quedado claro, lo haré de la manera que estime más oportuna. Sincéramente, separar la base del cráneo, me parece lo más viable. Un par de incisiones en los laterales de las cuencas... otra por aquí... otra por allá... separamos con cuidado las dos mitades... y voilá, los ojos al descubierto. Eso luego cicatriza.
No pude responder. Estaba masticando la idea. Lo peor, es que me sonó hasta coherente. Tendría el control, pero estaba perdiendo la cabeza. Afortunadamente, aclaró:
-Si algo de lo que te he dicho te suena bien, es un ligero efecto secundario de la droga.
-Ah... qué alivio... supongo. Porque si éste es un efecto secundario, ¿cuál es el principal?
-El más evidente querido... manteneros quietecitos. No querrás que corte por donde no es, ¿verdad?
Me limité a sonreir. No sé por qué.
-Bueno chiquitín... tú ya estás listo... vamos allá...- le dijo al compañero del exótico artefacto. Se hizo firme a dos asideras y con visible gesto de concentración, empezó a presionar poco a poco un botón. Como no puede ser de otra manera, y siguiente la total coherencia de la historia, una enorme sierra circular le dividió el cráneo en dos al pobre infeliz.
La imagen era más que gráfica. El subconsciente, no escatimó en detalles.
El doctor puso cara de fastidio.
-Meh... le dije que no se moviera. Bueno, voy a empezar a revisar sus ojos. Dame un segundo y voy contigo.
Se dió la vuelta y se puso manos a la obra.
-Doc, por mí, no se de prisa , ¿eh?
Tomé aire, lo retuve, y repliqué la sensación de lanzarse al agua.
Rápido. Abro los ojos y miro el reloj. Son las seis y veinte... va... a hacer cosas.
U.
Welcome back.



