Esta pasada noche, ha sido realmente mala.
Entre que no lograba dormir, puede que por los nervios del examen de hoy, y que hacia calor... me costó más de lo normal conciliar el sueño.
Para ayudarme, bajo las escaleras. Como vengo haciendo todas las noches que puedo, de un tiempo a esta parte.
Cuando llego al octavo piso, me da por asomarme por la barandilla y mirar hacia arriba. Puedo ver todas las escaleras que he dejado atrás. Solo son ocho pisos, pero parecen muchos más en realidad. Cuando giro la cabeza para mirar hacia abajo, un negro absoluto lo llenaba todo; ni se veia ni oia nada desde ahí arriba. Parecía que no hubiera nada más abajo del octavo piso.
Continué el descenso y para mi sorpresa, llegué con cierta facilidad al décimo nivel. No tenía sensación de fatiga alguna, cosa que me alegró.
Pude confirmar la idea, de que la gente que puedo llegar a ver, no son ni más ni menos que los recuerdos más recientes (los de hace 3 dias atrás en el tiempo como máximo).
A partir de ese momento... llámalo intuición si quieres, pero sabía que no debía bajar mucho más. Me planteo el dejarlo por esta noche y quedarme ahí esperando hasta que me duerma, pero me encuentro capaz para continuar el descenso.
Al llegar al undécimo piso, esa sensación de...honéstamente, no se cómo llamarlo...se hizo más fuerte. El piso estaba más ocuro que de costumbre, pareciera que hubieran atenuado las llamas de las lámparas que están en las paredes. Es una sensación extraña.
Vuelvo a bajar y ya en el decimosegundo piso, esa sensación que me acompaña desde hace rato, realmente toma fuerza y me hace vacilar sobre si debería continuar o no.
Se intensifica tanto, que se empieza a parecer a algo que a todos nos es familiar.
Miedo, se transforma en miedo.
Estoy allí abajo, y estoy asustado como un niño, intentando esconderme en un rincón.
¿Pero de qué siento miedo? ¿Por qué me escondo?
Haciendo uso de temple de garrafón, tomo la decisión de bajar un nivel más, ver qué pasa, y si la cosa se pone mal...volver por donde mismo he venido.
Me pongo en pie y bajo hasta el decimotercer piso. El cartel con el número que indica en qué piso me encuentro, me parece más grande y brillante de lo normal. Mirando al fondo, donde debería estar la escalera para seguir bajando, solo hay un manchón negro...muy borroso. No se si es mi propia visión, o qué demonios puede ser; pero que la penosa iluminación tampoco es de gran ayuda.
Cuando vuelvo a centrarme, me doi cuenta de la música.
Una música que proviene de una puerta que hay en medio de la estancia.
A todas estas, que cada vez me estoy asustando más.
Me acerco a la puerta, y comienza a abrirse. En ese momento no me lo pensé dos veces, estaba tan atemorizado que subí corriendo al siguiente piso. Pero no duré demasiado ahí, cuando noté que la música y unas voces - como un escándalo- también subían. A cuatro patas subí hasta el undécimo nivel, porque solo con las piernas pareciera que no me fuese bastante.
Acurrucado, al pie de la escalera que me llevó hasta ese nivel, me quedé espectante de que al más mínimo indicio de movimiento saldría otra vez por patas.
¿Por qué no subí hasta arriba del todo?
¿Qué me asustó realmente?
No se... me sentí un poco covarde. Un poco bastante.
Nadie, Capitán Gallina & Comandante de las Sardinas.
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