Besos, besos, besos y más besos. No paraba de besar. Demonios, ¿a caso conozco a tantas mujeres? Además, juraría que había hasta repetidas.
El resto son retales que no logro recordar del todo bien, y mucho menos logro enlazarlos. Entre eso y las noches vacias, voy servido.
Nadie. Con los labios desgastados.
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