Un compañero y yo íbamos a revisar un camión que habiamos hecho detener instantes antes. Son horas de madrugada, y es un control de rutina. Al abrir la puerta del piloto, cae a mis brazos una mujer embarazada cubierta de sangre, y con un fuerte aroma a arándanos. Ella estaba mal... muy mal... Se que poco después de cogerla, me atacó y me hizo daño, pero que eso no explica que momentos después, estubiera ladera arriba, corriendo delante de ella como un descosido. Parecía una condenada película de miedo.
Luego mi gata se puso a parir en casa, y fue un no parar de gatitos. Gatito va. Gatito viene. Muchos muchos gatitos. Lo curioso es que me dio por echarles agua por encima, y se empezaron a disolver... igual igual que si fueran aspirinas.
De lo más curioso fue, que sobrevivió un gatito rojo. Un gato de pelo medio-largo, ruinito ruinito, que crecía por instantes, y que además era rojo. Su pelaje era rojo y se dedicaba a mordisquearme los dedos y los tendones de los pies.
Nadie. Uno al año no hace daño.
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