Parece ser que anoche, cuando estaba desprevenido, algún mosquito con ganas de reirse me picó en todo el tímpano y me dejó más sordo que una tapia. Recuerdo que no fueron ni una, ni dos, ni tres las veces que me quedé sin audición, sino muchas más (por no decir que fueron todas las veces que intenté hablar con alguien).
Me encontraba con gente e intentaba charlar con ellos, pero no había manera. A mitad de la conversación me quedaba sordo. Más sordo que el mejor de los sordos.
Menudo coñazo el tener que preguntar ochentamil veces que qué diablos han dicho.
Nadie. Orejas del sordete.
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